Al mercado editorial sólo lo salvará el libro impreso: Juan Domingo Argüelles

El escritor y editor participó en las ‘Conversaciones en torno a la lectura. Espacio de encuentro entre lectores’, organizadas por la IBERO y el ITESO.

Al mercado editorial en México sólo lo podrá salvar el libro en papel, porque durante la pandemia de COVID-19 no ha aumentado de manera considerable la lectura de libros digitales, lo que se incrementó fue la venta por internet de libros impresos solicitados a los grandes almacenes y librerías, que los entregan a domicilio, afirmó el escritor, poeta y editor de la revista IBEROJuan Domingo Argüelles.

Así lo dijo el también crítico literario y promotor de la lectura durante su participación en en las Conversaciones en torno a la lectura. Espacio de encuentro entre lectores, organizadas por la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero (BFXC) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y la Biblioteca Dr. Jorge Villalobos Padilla, SJ del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO)

En este diálogo que sostuvo con Mónica Márquez Hermosillo, directora de la Biblioteca del ITESO (universidad hermana de la IBERO), Juan Domingo detalló que en México la lectura de libros digitales es marginal, pues desde hace años se tiene una facturación por descargas de libros electrónicos que no llega ni siquiera al 1%, misma que no va más allá del 3% en España y que en otros países de lengua española no pasa del 5%, lo cual quiere decir que, “las personas que leemos en el ámbito hispanoamericano, lo hacemos sobre todo en el libro impreso”.

Y aunque el libro electrónico sí se consume en América Latina y España, mayormente en el ámbito académico, por lo general las y los docentes e investigadores adquieren e-books en idiomas distintos al español, especialmente de textos inasequibles en castellano.

En el conversatorio, Argüelles dio lectura a algunos párrafos de su libro más reciente, ‘La prodigiosa vida del libro en papel. Leer y escribir en la modernidad digital’ (coeditado por Cal y Arena y la UNAM, que comenzó a venderse en agosto de 2020 en su edición digital y cuya versión impresa en estas semanas se empezará a ofrecer en librerías), con el fin de dar a conocer algo de lo que trata su obra y compartir algunas de sus reflexiones sobre la lectura.

Leyó: “Es obvio que los hiperconectados leen y escriben todo el tiempo sobre los asuntos más variados, pero no podemos llamar a esto redes de lectura y escritura, sino en todo caso formas de comunicación, sin otro propósito que intercambiar información o establecer una charla. Las redes de lectura y escritura son otra cosa, consisten en aprovechar las avanzadas herramientas que ofrece internet para propiciar encuentros con lo textual de mayor calado. Incluso podríamos decir que la mayoría de los lectores que comparten estas redes no hablan ni escriben especialmente de los libros que han leído en internet, sino, sobre todo, de los que han leído en papel, y cuya experiencia desean compartir con quienes se han conectado para lo mismo”.

Aunado a lo anterior, Juan Domingo enfatizó que no se ha comprendido del todo que la lectura en internet es muy distinta a la lectura de libros, que la primera se hace para vincularse a las y los demás, y no es como la segunda, la que va a formar a las personas a partir de libros que son indispensables para tener una conciencia mayor del mundo y de la propia existencia.

Lamentablemente, internet, que “es un paraíso del fragmento, el retazo, el resumen y la síntesis de la síntesis, sirvió para que mucha gente no afecta a la lectura, incluidos muchos universitarios, se desembarazaran por fin de los libros, que por lo demás, incluso en papel, solían leer fragmentariamente y en fotocopias, hasta para la carrera”.

Es por esto que la propuesta a contracorriente que sostiene Argüelles en La prodigiosa vida del libro en papel. Leer y escribir en la modernidad digital, es que el libro es un objeto integral que no se puede fragmentar, y no se puede decir que se conoce un libro por sólo leer un fragmento. No obstante, hacer esto último es muy frecuente en internet; por eso, “hoy hay marxistas que no necesitan leer a Marx, porque obviamente ahí están los resúmenes de El capital y los resúmenes hasta de El manifiesto comunista”. Incluso, “hay científicos que tampoco han leído directamente a un autor canónico de su especialidad, porque ya existen resúmenes para ello”.

Redes sociales produjeron una generación perdida para la lectura de libros

Otra cosa importante que el editor señaló es que, a su juicio, a partir del auge de las redes sociales en internet se produjo una especie de “generación perdida para la lectura de libros”. Recordó que la serie de novelas de Harry Potter “hizo el milagro” de que adolescentes leyeran libros de 800 páginas y sin ilustraciones, pero esto que se había ganado, de pronto se perdió con el auge de las redes sociales, y hoy es una pregunta válida decir, a qué hora lee alguien un libro si se la pasa la mayor parte del tiempo chateando en Twitter, Facebook o WhatsApp.

Juan Domingo agregó que, previo a la pandemia, el Módulo sobre Lectura (MOLEC, que forma parte de la Encuesta Nacional de los Hogares del INEGI) señalaba que entre 2015 y 2019 en México se perdió a un 10% de lectores de libros, ya que del 50.2% de mexicanos(as) que leen se bajó a un 40.2%. De continuar este ritmo, el MOLEC estima que en 2025 el porcentaje de población que lee apenas llegará al 36%.

Acerca del dilema de si se deben leer libros impresos o libros digitales, comentó que esto depende del gusto de cada quien. Sin embargo, refirió que, en una encuesta en el Reino Unido, realizada a estudiantes de educación superior, el 75% llegó a la conclusión de que es mejor leer libros en papel que leer libros electrónicos, porque, argumentaba el alumnado, el libro electrónico distrae, ante tantas posibilidades de que un clic sobre una palabra te lleve a otro lado.

Lo anterior genera un problema de falta de concentración en el contenido del libro que se lee, porque si cada vez que se pasa a una línea donde hay un nombre, hay la posibilidad de salirse de ese libro para irse a otro lado, y el libro deja de tener esa completitud que tiene como un solo integral.

El grave problema de convertir al libro en una pantalla, en internet mismo, “es la posibilidad de irse por todos lados, que es justamente la característica de internet, el arte del zapping, es decir, pasas de una  cosa a otra y no te concentras en nada”. Por el contrario, cuando alguien está leyendo un libro impreso, “ese libro tiene sentido porque el autor lo concibió como un todo, y ese todo hace justamente que después del libro y durante la lectura haya una reflexión o muchas reflexiones sobre lo que está uno leyendo”.

Es así que, al leer otros párrafos de La prodigiosa vida del libro en papel. De leer y escribir en la modernidad digital, Argüelles dijo para concluir, citándose a sí mismo: “Contra toda evidencia y contra toda lógica, los profetas y evangelistas digitales siguen empeñados en que esto, internet, acabara con eso, el libro, y ya cantan el réquiem, pero desde hace cuánto, por un difunto que aún no es y que quizá nunca sea”…

“Contra toda evidencia, los enterradores del libro omiten decir también que las tecnologías digitales han servido, entre otras cosas, para potenciar la difusión y la divulgación del libro, en el caso de la fecunda minoría universal que ha hecho de este invento el más grande poder intelectual y emocional para el desarrollo del conocimiento. No sólo no se publican menos libros, sino que, pese a la gran cantidad de libros sin mayor sustancia, las mejores obras de todos los tiempos siguen teniendo la potencia redentora que amplía nuestros horizontes y profundiza nuestra existencia”.

“Preocupa que abunden los libros insustanciales que son, por cierto, los que se deben mayormente al impulso de internet; pero lo que importa es que los libros que constituyen la memoria y la riqueza del intelecto están vivos, y qué tan vivos están, que los profetas de su muerte tendrán que buscar urgentemente otra profesión”.

Conversaciones

Las Conversaciones en torno a la lectura. Espacio de encuentro entre lectores son organizadas por Alma Rivera, Luis Inclán y Diana Quezada, de la IBERO; y por Mónica Márquez y Antonio Magaña, del ITESO.

Las conversaciones se transmiten en vivo por el Facebook de la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero de la IBERO, universidad jesuita de la Ciudad de México. Para quienes se pierdan las transmisiones, podrán volverlas a ver en el canal de YouTube de la BFXC.

Las conversaciones, que inician a las 6:00 p.m., se llevarán a a cabo una vez al mes. Las y los siguientes invitados son: Carmen Villoro, 17 de marzo; Gregorio Hernández, 21 de abril; Guillermo Alfaro López, 19 de mayo; y Laura Guerrero, 23 de junio.

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